Acabo de terminar Nocilla Dream (para los despistados: obra narrativa publicada en una pequeña editorial barcelonesa –Candaya- y escrita por Agustín Fernández Mallo, cuya reivindicación por Vicente Luis Mora y la revista Quimera provocó el nacimiento de la “Generación nocilla” y un considerable revuelo digital). Ha pasado más de un año desde su publicación. Quería que se sofocara el ruido –muy enriquecedor, pero ruido al fin y al cabo- que dificultaba la búsqueda de la objetividad.
Estoy sorprendido por la calidad de muchos de los pequeños relatos que construyen la unidad de la obra. Afirmo la sorpresa porque, aunque Fernández Mallo conoce los mecanismos de la larga distancia lo suficiente para quebrarlos y reconstruirlos manteniendo el ritmo y la continuidad (desengañaos renovadores, siempre escribiréis novelas. Nunca conseguiréis escapar del género. Es la maldición de la palabra) no creo que lo más destacable de Nocilla Dream sea su bondad como novela –es correcta, pero su mayor valor es la propia supervivencia del sentido, la habilidad con que se mantiene en la frontera del caos- sino el dominio del autor sobre las distancias más cortas. Nocilla Dream contiene microrrelatos precisos y distintos, que se adentran con seguridad en mundos desconocidos para la literatura española. Además domina recursos tradicionales, como el correlato objetivo, con una solvencia que sólo he encontrado, dentro de la narrativa hispana, en Alejandro Gándara o en la mejor Belén Gopegui. Paradójicamente Fernández Mallo alcanza la excelencia en los terrenos más clásicos. Aunque todavía no haya demostrado su dominio de la novela nos encontramos frente a un auténtico narrador, no frente a un bluff de usar y tirar.
Dentro de pocos días Alfaguara publicará Nocilla Experience. Muchos criticarán a Fernández Mallo por abandonar la independencia. De esos muchos un noventa por ciento lo harán impulsados por la envidia. Una gran editorial concede una calidad en la distribución y en la comercialización deseada por cualquier escritor, lo que no implica un desprecio de la labor de las editoriales pequeñas – sin su trabajo la literatura desaparecería en menos de cinco años - sino la constatación de una evidencia. El peligro del salto de Fernández Mallo reside en el aumento de las expectativas y el consiguiente incremento de velocidad en una hipotética caída. Pronto comprobaremos si consigue justificar la continuidad o cae en la repetición. La estructura fragmentaria de la obra, su propia originalidad, dificulta el logro.
NOTA APARTE:: El ganador de la encuesta de narradores rusos ha sido, con amplia diferencia, el moscovita Fiodor Dostoievski, seguido por Chéjov y Gogol. Sorprendentemente –es mi favorito- Tolstoi ha quedado en cuarta posición, empatado por Bulgakov. Mañana abriré una nueva encuesta, que preguntará por el mejor novelista del sur de Estados Unidos.