No es fácil acercarse con objetividad, sin caer en la apología ni el odio, al Premio Planeta. Muchos lo desprecian como ejemplo indiscutible de prostitución literaria. Otros lo ensalzan como emblema de la industria editorial española y promotor de la lectura en épocas muy difíciles. El escritor y profesor Fernando González Ariza se adentra sin miedo en tan laberíntico jardín en el ensayo Premio Planeta. Historia y estrategias comerciales (Sial Ediciones).
La historia del premio, afirma González Ariza, es inseparable de la trayectoria de su creador: José Manuel Lara, un falangista amigo de la farra que, sin embargo, promovió la carrera de autores muy poco afines al régimen, como Juan Marsé o Manuel Vázquez Montalbán y en 1974, en plena agonía del franquismo, fue capaz de conceder su premio a una biografía apócrifa de Azaña. Un emigrante andaluz que consiguió que la exquisita y clasista Gauche Divine se arrodillara a sus pies, logrando que incluso el mismísimo Juan Benet descendiera de su Torre de Babel para presentarse –y fracasar- en dos ediciones consecutivas del Premio. Y no fue el único. También Aldecoa o Goytisolo –entre otras firmas indiscutibles- lucharon con denuedo por conseguir el galardón. Preguntarse por la limpieza del Premio no es una ingenuidad sino un fallo de planteamiento. Nos encontramos, simplemente, ante un espectáculo mediático. Su fundador lo afirmó con nitidez cuando un impertinente periodista le preguntó si “estaba dado” de antemano. Respondió, sin que le temblara el gesto: “¿Usted cree en los reyes magos?”
La familia Lara posee un sentido de la permanencia y una capacidad de adaptación dignos de la Iglesia Católica. En este libro sabremos cómo ha conseguido mantener un difícil equilibrio entre comercialidad y qualité, cómo y por qué, dando una de cal y veinte de arena, ha logrado que una inmensa mayoría de los españoles, lectores o no, sigan con expectación el fallo del Premio, siendo el galardonado, en muchos casos, el único libro que adquieren en todo el año. Este estudio también es, aunque sea de manera implícita, un estudio sobre la vanidad literaria. Porque, ¿qué fue de autores como Alejandro Muñoz Alonso o Emilio Romero, omnipresentes en los sesenta y setenta? ¿Quién recuerda a Luis Castresana, incluso a Cristóbal Zaragoza? Se disolvieron en el tiempo, como ocurrirá con un noventa por ciento de los autores que ahora llenan los suplementos y las librerías. Ni siquiera hechos tan luctuosos, como el supuesto plagio en el que incurrió Camilo José Cela en su novela premiada son recordados ya por nadie.
Premio Planeta es, además, un estudio sobre la evolución, tanto de la sociedad española como de los cambios, no siempre a mejor, que ha experimentado su literatura. El libro se cierra con un interesante estudio, que analiza la evolución de las estrategias editoriales que convirtieron a la minúscula editorial Tartessos, donde Lara y su mujer, encerrados en un piso del Ensanche, luchaban por evitar la suspensión de pagos, en una de las mayores corporaciones de España, dueña de emisoras de radio, televisión, decenas de editoriales –que compiten entre sí- e, incluso, una compañía aérea.