
Leer al Cardenal Mazarino es siempre delicioso. Es un autor plenamente adecuado para nuestros tiempos, mucho más que el mítico y maltratado Maquiavelo, supuesto precursor suyo en el arte de la simulación y la manipulación. El Fiorentino, al fin y al cabo, era un romántico, un soñador que anhelaba la unidad de los suyos. Las pretensiones de Mazarino son mucho más realistas: no existe en él deseo alguno de trascendencia. Sólo busca la supervivencia y la autodefensa en un mundo infectado por el Leviatan, ese monstruo, germinado en nuestros corruptos deseos, tan hábilmente perfilado por Hobbes. Estas son algunas de las palabras que expone en su Breviario de los políicos (Acantilado): Que en tu rostro no refleje nada, ningún sentimiento, salvo la cortesía. Y no sonrías rápidamente ante la menor muestra de afecto. Has de tener a todo el mundo vigilado. Nunca reveles a nadie tus secretos, pero averigua los de los otros.
Ahora, cuando las privilegiadas mentes que rigen nuestros bolsillos consideran que sólo un descenso brutal en el salario de los españoles conseguirá aliviar la crisis, leer Breviario de los políticos (Acantilado) regala una dosis doble de lucidez, que ayuda a afrontar los problemas del día a día y las incomodidades derivadas del trato humano con la debida distancia.