
1.- Ayer vi Gomorra. Es una buena película, que en sus mejores momentos alcanza la lírica austera del neorrealismo. Mezcla la épica de Ciudad de Dios con el hiperrealismo –más mugriento que sucio- de Rosetta. Las peripecias no son especialmente originales, tampoco la estructura, pero la película transpira urgencia y verdad. Saviano me cae bien. Posiblemente sea un exhibicionista, pero nadie le puede negar valor. Porque a veces los más amenazados terminan muriendo. Así pasó con Benazir Bhutto, con Giovanni Falcone o con Julio César. Me gusta especialmente la subtrama de los residuos, que muestra la responsabilidad compartida del desastre.
2.- 2666 también habla del desastre. Más bien del caos, de la imposibilidad. Pero aún me queda la última novela.