
El cansancio se adentra bajo la piel con el mimo de las arañas. Avanza en el territorio del día sin otro temor que su vejez, tejiendo largos mantos de sueño. Los pasos encogen cada mañana: la fatiga pronto alcanzará los últimos reductos. Entonces las mujeres arroparán mi cuerpo, recitaré poemas al atardecer y creeré en la palabra de los hombres.